martes, 17 de noviembre de 2009

Cubana de Aviación: Ocho décadas de impulso


por Julio A. Martí
(Tomado de Sol y Son magazine)

Como toda compañía aérea, Cubana de Aviación ha pasado desde su fundación el 8 de octubre de 1929, por períodos difíciles crisis y de bonanza.

El primero de tales momentos se dio en 1930, cual si se hubiera planificado la muerte de la aerolínea en los instantes mismos de su nacimiento. La llamada Gran Depresión de los años 30 arrastró al abismo al Servicio Cubano de Aviación, a Líneas Aéreas de Cuba y a la Compañía Nacional Cubana de Transporte Aéreo, es decir, a tres de las cuatro compañías para el transporte por aire existentes en la Isla.

Sin embargo, lo mismo que un boxeador al que aplican conteo de protección, Cubana de Aviación prosiguió en la pelea y sobrevivió al desastre económico que afectó al mundo, con más peso para las Américas por haberse iniciado precisamente en los Estados Unidos. La concesión de subsidios a Cubana por parte del gobierno del presidente Gerardo Machado para la transportación del correo aéreo nacional, y otros factores momentáneos de indudable ayuda, determinaron que el cordón de asfixia no se tensara lo suficiente para provocar el colapso.

Finalizado el período de crisis, se inauguró en Cuba el primer servicio de expreso aéreo, cuya responsabilidad asumió Cubana de Aviación impulsando en esta parte del continente, con esa modalidad, uno de los aportes más significativos del campo aeronáutico al desarrollo de las naciones.

Los años 50 revirtieron las etapas de desgracias originadas por la depresión y la II Guerra Mundial. Afincado ya como el medio de transporte más eficaz de todos los conocidos, la aviación comenzó a hacer de las suyas por sobre montañas, mares y océanos. El volumen de cargas y el cada vez mayor número de pasajeros creó las condiciones apropiadas para que el rótulo de Cubana figurara entre los adalides del comercio desde y hacia la Isla. Para los finales de aquella década la flota estaba integrada por aparatos que aparecían entre los más novedosos de la industria aeronáutica occidental.

Empero los gigantes en la transportación aérea del hemisferio se empeñaban en sostener con la modesta aerolínea una competencia desleal. Según afirma el historiador Martín Socarrás en su libro La Aviación Civil en Cuba, “(…) las empresas extranjeras que hacían escala en Cuba disfrutaban de exenciones de impuestos. De esta forma, la Pan American World Airwais y la National Airlines continuaron operando en Cuba hasta el triunfo revolucionario, libres de derechos de impuestos sobre el combustible que consumían sus aviones en el país y, en cambio, las compañías cubanas que operaban en los Estados Unidos nunca obtuvieron iguales exenciones (…)”.

El cambio de sistema político operado en la mayor de las Antillas después de 1959 provocó medidas económicas por parte de los Estados Unidos hacia la Isla que afectaron directamente a la Compañía. Los fondos financieros de Cubana en bancos norteamericanos fueron embargados y el Departamento del Tesoro prohibió la venta de aviones, componentes y piezas de repuesto para los ya existentes en Cuba. De modo que otra vez, en un lapso de 30 años, la línea bandera de la Isla se vio amenazada de desaparecer. Pero los cubanos obtuvieron aeronaves fabricadas en la ex Unión Soviética y con ellos y algunos Britannia sobrevivientes de la década anterior eslabonaron los vuelos trasatlánticos y hacia centro y Suramérica. A principios de los 80 del pasado siglo, enormes cargueros IL-76, con capacidad para transportar 40 toneladas, ampliaron las posibilidades comerciales de carga. La adquisición de esas aeronaves respondió en su momento a satisfacer las necesidades en cuanto al transporte desde lugares lejanos de mercancías vitales para el país.

La ampliación de las relaciones de Cuba con el exterior en los campos diplomático y comercial, extendieron la red de vuelos a países del Caribe, América Central, América del Sur y el continente africano. La presencia de Cubana de Aviación en el desarrollo económico-social del país incluye las operaciones a más de quince destinos nacionales, así como vuelos charters, también domésticos, hacia aeródromos diseminados a lo largo de la Isla, o de la extensa cayería del archipiélago donde se explota el turismo.

El significativo aporte a la llamada Industria del ocio, en la que asume el rol de líder en cuanto a transportación de turistas desde o hacia Cuba, no excluye a la aerolínea del apoyo a al desarrollo científico alcanzado por la sociedad cubana, al asumir el papel de puente en la distribución de medicamentos y biofármacos de patente criolla en diversas regiones del planeta, así como tampoco la aleja del escenario de la cultura. En las ocho décadas transcurridas desde la hora de su fundación, nuestra compañía ha sido la transportista por excelencia de las embajadas culturales que ponen el nombre de la nación en lo más alto de cualquier escenario, así como se ha erigido en la preferida de intelectuales de cualquier rama de la cultura universal que pisan o salen de nuestro suelo. Y es que el solo hecho de penetrar en un avión de Cubana, equivale a establecer el primer contacto del pasajero con una idiosincrasia marcadamente peculiar en sus muchos valores, presente y manifiesta en las expresiones y la atención que le dispensa el personal de vuelo.

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